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EPICTETO Y LOS LIBROS DE AUTOAYUDA

El año pasado, durante una de las sesiones del estupendo curso de latín vivo Caelum que la asociación Cultura Clásica viene celebrando ya desde hace seis años cada verano en Madrid, no sé cómo, mientras leíamos y discutíamos sobre algún texto de Séneca, salió el tema de los tan de moda libros de autoayuda. 

Varios de los participantes, todos ellos profesores de latín, hicieron mofa de los mismos desde el extendido prejuicio de que son libros que proponen soluciones milagrosas y que solo dicen tonterías y obviedades.

Yo, que sé por experiencia lo que es sufrir un trastorno de ansiedad y también lo mucho que algunos de estos libros me ayudaron a superarlo, intenté romper una lanza en favor de los mismos... pero fue en vano: cuando pregunté a mis queridos colegas si habían leído alguno de esos libros que tanto criticaban... como era de esperar me dijeron que no, aunque las burlas continuaron. No me lo tomé a mal -entre otras cosas porque he aprendido gracias a alguno de esos libros de autoayuda a no enfadarme porque otros se burlen de mis opiniones-. Sin embargo entre los asistentes estaba un médico que además es muy buen latinista y que, ante el asombro de nuestros irónicos compañeros, afirmó que numerosos estudios científicos demuestran que los buenos libros de autoayuda son más efectivos para el tratamiento de la depresión y la ansiedad que cualquier psicofármaco. Del médico no se atrevieron a burlarse.

Estos días he estado leyendo el excelente libro de Albert Ellis Usted puede ser felizUno de esos libritos de los que se burlarían mis colegas... Espero que después de leer esta reseña alguno cambie de opinión... quizás algún día le pueda ser útil.

Conocí a Albert Ellis gracias a Rafael Santandreu -uno de los autores de libros de autoterapia más vendidos en España- que en esta entrevista reconoce que la lectura de uno de sus libros fue para él una iluminación.

Ese dato me hace sospechar que los licenciados en Psicología de España -y aunque en la entrevista no lo aclare entiendo que Santandreu leyó por primera vez un libro de Ellis cuando ya era licenciado e incluso es posible que llevara tiempo ejerciendo- durante la carrera no leen a Albert Ellis.

Según Wikipedia Albert Ellis es considerado el segundo de los psicoterapeutas más influyentes de la historia. Por delante de Sigmund Freud que ocupó el tercer puesto; el primero fue Carl Rogers... para que luego me queje yo del desastre metodológico de la Filología Clásica: en todas partes cuecen habas por lo que se ve.

Leyendo este interesantísimo libro -cuyo curioso y sugerente título en inglés How to stubbornly refuse to make yourself miserable about anything. Yes, anything! en la versión española ha sido absurdamente simplificado- entiendo bastante bien lo que dice Santandreu: Albert Ellis fue un genio. También me doy cuenta de que los libros de Santandreu no hacen más que explicar y desarrollar las ideas fundamentales de Ellis.

Es un libro bien escrito, serio y de lectura bastante amena. Ellis no solo nos expone con mucha claridad su método de terapia sino que va contando anécdotas de su propia vida, de sus pacientes y de su evolución como psicólogo.

Es interesante saber que Ellis empezó como psicoanalísta -corriente mayoritaria en EE.UU. hasta finales de los años 50- y acabó abandonando el ejercicio del psicoanálisis al comprobar por su propia experiencia los escasos progresos que sus pacientes lograban con esta terapia.  (¿A qué me recordará ésto...?)

La terapia inventada por Ellis -a base de reflexión y también de experimentación y ensayo error con sus propios grupos de pacientes- se llama TREC (Terapia racional emotiva conductual). Una vez uno lee el libro se da cuenta de que todo es bastante sencillo y de sentido común... el problema es que éso del sentido común a muchos de nosotros nos cuesta bastante adquirirlo.

La idea fundamental de Ellis es que entre los acontecimientos (A) desencadenantes de sentimientos y los sentimientos consecuentes (C) existe una B (creencias, en inglés beliefs) que es la que hace que estos sentimientos sean destructivos o constructivos. Este ABC o idea fundamental de la TREC nos lleva a entender que si tomamos conciencia de nuestras creencias irracionales podemos sustituirlas por otras creencias racionales que hagan que los sentimientos destructivos se transformen en constructivos.

Por ejemplo: imaginemos que me enamoro de una muchacha y ésta me rechaza (A: acontecimiento desencadenante) la consecuencia podría ser sentirme muy deprimido (C1: consecuencia: sentimiento destructivo) por creer que ella tiene que corresponderme o nunca más voy a poder ser feliz (B1: creencia irracional) o simplemente sentirme triste (C2: consecuencia: sentimiento constructivo) por pensar que me gustaría que me amara y el que no sea así me entristece pero ya se me acabará pasando el disgusto y, en cualquier caso, sé que no es necesario tener un amor romántico para ser feliz (B2: creencia racional).

Es decir: el acontecimiento es siempre el mismo pero la consecuencia depende de nuestra forma de interpretar la realidad... algo que ya decía el estoico Epicteto a quien Ellis cita como una de sus grandes fuentes de inspiración.

“No son los acontecimientos lo que te lastima, sino tu percepción de ellos.”
Epicteto

Ésto lo cito porque a lo mejor sabiendo que una de las inspiraciones fundamentales de la terapia cognitiva es un filósofo griego, mis prejuiciosos colegas se empiezan a interesar más por estas cuestiones. De verdad que a veces, cuando estoy con filólogos clásicos, tengo la impresión de que para ellos todo lo que no tenga que ver con la antigüedad clásica o el mundo de la “alta cultura” (¿?) es una cosa ridícula... τέλος πάντων!

Pero volviendo a la TREC: ¿Por qué unas personas, ante el mismo acontecimiento, reaccionan con sentimientos constructivos y otras con sentimientos destructivos? Según Ellis todo es cuestión de creencias. Las creencias irracionales son las que nos llevan a sentimientos destructivos (depresión, ansiedad, ira, autocompasión) las creencias racionales nos llevan a sentimientos constructivos (dolor, precaución, arrepentimiento, frustración). Es importante destacar que para Ellis da absolutamente igual de dónde nos vengan nuestras creencias irracionales: padres, entorno, educación... ¡da igual! En ésto se diferencia radicalmente del psicoanálisis cuyo principal objetivo es descubrir el orígen de la neurosis; como si saber de dónde viene el problema nos librara de él por arte de magia.

La clave del método de Ellis está en cómo transofrmar las creencias irracionales en creencias racionales. La creencia irracional siempre está formulada por un tiene que, la creencia racional por un me gustaría que. Parece tan sencillo -y de hecho lo es- que cuesta creer que funcione; es la crítica fundamental que le hacían los psicoanalistas a Ellis. Pero por experiencia sé que funciona.

P.S.: Algún tiempo después de escribir este artículo he podido leer otro libro de Albert Ellis Una nueva guía para una vida racional que me ha gustado todavía más. ¡Recomendadísimo!



Carlos Martínez Aguirre
Profesor de latín por videollamada