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DVM DOCEO DISCO

Por segundo año consecutivo he tenido la suerte de poder participar en el curso estivo de latín CAELVM organizado por nuestros amigos y compañeros de la asociación Cultura Clásica y que nuevamente ha sido un éxito en todos los sentidos: organización, número de asistentes, excelencia del profesorado y calidad de las clases.

Como ya comenté en la edición anterior, lo que más me gusta es el ambiente de entusiasmo y ganas de aprender que se vive durante las jornadas: no se parece en nada a ningún otro congreso académico al que haya asistido; a pesar de que la mayoría de los inscritos somos profesores de latín, es un gusto constatar que todos venimos con gran humildad a aprender más latín, a mejorar nuestras competencias mediante la práctica activa de la lengua, para así poder después compartir mejor este saber con nuestros alumnos. Nadie está aquí para conseguir puntos o hacer currículum. 

A eso ayuda la actitud entusiasta, sabia y humilde de los profesores encargados de organizar las lecciones: Jorge Tarrega, Mª Luisa Aguilar, Roberto Carfagni, Justin Bailey... son algunos de los mejores hablantes de latín que he tenido el placer de conocer, y sin embargo en sus clases no pretenden hacer ostentación de nada ni ponerse por encima de nadie, sino que son los primeros en entender la dificultad que supone enfrentarse a textos originales no preparados previamente y ser capaces de entenderlos sólo con oírlos y de discutir sobre ellos en latín.

Eso da confianza al resto de profesores que asistimos como alumnos (y a otros amantes del latín, que no todos eramos profesores, como por ejemplo nuestro alumno Guillermo, médico canario que ha participado en el grupo avanzado, a la altura de los mejores) para perder miedos y entrar en una dinámica de clase real en la que lo verdaderamente importante es aprovechar al máximo para aprender y disfrutar aprendiendo.

Personalmente la mayor satisfacción que he tenido, además de volver a ver a tantos amigos que comparten mi misma pasión por las lenguas clásicas, es comprobar que el trabajo realizado durante todo este curso en mis clases con alumnos avanzados va dando sus frutos también en mi propia competencia lectora: poder entender textos de Tácito, Cicerón o César tan solo con oírlos y después ser capaz de discutir sobre ellos en latín (aunque sea a un nivel todavía muy básico) es una de las mayores satisfacciones que puede tener un latinista y una señal de que estamos trabajando en la dirección adecuada.

Creo que ése es precisamente el espíritu que da aliento y hace que estas jornadas generen tanto entusiasmo entre sus asistentes y, fundamentalmente, entre los profesores que asistimos a ellas como alumnos: todos sabemos que aquí venimos a aprender y notamos que aprendemos, y vemos como los profesores responsables también aprenden con nosotros, lo cual constituye la mejor inspiración y ejemplo, pues como dice el viejo proverbio: dum doceo disco.
Carlos Martínez Aguirre