Skip to main content

EL NÁUFRAGO AFORTUNADO

Conocí a Jon Sigurdur Eyjolfsson en Atenas. Yo tenía veinticuatro años y acababa de terminar mis estudios de Filología Clásica. Jon tenía dos años más y llevaba ya un tiempo viviendo en Grecia. Trabajaba como cocinero vegetariano en un local de canción de autor de Kukaki, al sur de la Akrópolis.

Al principio nos comunicábamos en inglés pero pronto empecé a defenderme yo en griego y a partir de entonces nos entendímos en la lengua del país. Un islandés y un español hablándose en griego. Hoy estas cosas son bastante corrientes pero a mediados de los noventa, cuando casi nadie había oído hablar de la globalización, era algo sumamente peculiar.

Quizás por eso los griegos nos adoraban y nos acogieron con toda la hospitalidad, con toda la generosidad de que fueron capaces. Fueron años gloriosos para mí y para Jon. Quizás los mejores de nuestras vidas.


Pero el tiempo ha pasado. ¿Qué nos queda hoy, Jon, de aquella libertad salvaje, de aquella juventud que gozamos en la tierra de los dioses? No lo sé. Pero estoy seguro de que lo que sí que nos ha quedado a ambos de aquellos años es amor y agradecimiento. Un agradecimiento y un amor a Grecia, a los griegos y a su gloriosa lengua que ni tú ni yo podremos nunca expresar con palabras. Yo sé que con este libro tú has intentado algo de éso.

En esta preciosa novela de mi amigo Jon se nos cuenta la historia de un niño de un pequeño pueblo de Islandia al que su abuelo contaba las historias de Odiseo, de Aquiles, los mitos de Perséfone y Hades. Un pequeño y sensible niño islandés que se enamoraba de niñas mayores que él y que imaginaba luchar contra Posidón cuando iba a pescar bacalao en una barquita hecha con tablones y corcho. Es un libro fascinante en el que recuperamos una infancia hoy perdida y en el que Jon nos descubre cómo y por qué aprendió a amar a Grecia mucho antes de conocerla.

Carlos Martínez Aguirre