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CAELVM 2017




CAELVM (Cursus AEstivus Latinitatis Vivae Matritensis) 

Este año he tenido la oportunidad de asistir por primera vez al CAELVM (Curso de Verano de Latín Vivo) organizado por la asociación Cultura Clásica de la que tengo el gusto de ser socio y colaborador desde hace ya muchos años.

El curso brinda una ocasión magnífica a todos aquellos que deseamos mejorar la competencia mediante el uso activo de la lengua y además conocer a muchísima gente que comparte nuestro amor al latín.

Este año se celebraba la quinta convocatoria que, una vez más, ha superado en participación a las precedentes: éramos casi doscientos Latin Lovers los asistentes.

Para quienes vinieran de fuera de Madrid se daba la posibilidad de alojarse en el Colegio Mayor Marqués de la Ensenada. Yo, por vivir cerca de Madrid y tener deberes familiares, he optado por ir cada día en coche, pero sí he disfrutado de los menús -que me han parecido muy ricos- en el comedor del Colegio, y es que el momento del prandium es casi tan importante como las propias clases, no solo por ser la ocasión de conocer personalmente al resto de profesores y alumnos, sino también por la oportunidad de practicar de forma activa el latín.

Ésa es, quizás, la experiencia más estimulante (aunque al principio quizás intimide un poco) para los tirones (literalmente reclutas, que es como se conoce a los alumnos principiantes): escuchar a otros alumnos más avanzados conversar en latín con fluidez. Solo por éso creo que cualquier amante del latín que nunca haya hablado la lengua debería asistir alguna vez a jornadas de este tipo.

En sus inicios el curso CAELVM fue concebido para difundir la metodología activa entre el profesorado y, a la vez, dar un impulso al enorme esfuerzo personal que todos los que hemos aprendido latín con el método de gramática-traducción necesitamos para alcanzar la competencia precisa para enseñar de forma activa en el aula. Es por ello que la mayor parte del alumando inscrito son profesores de latín, aunque también hay no pocos aficionados que nada tienen que ver con la enseñanza y simplemente estaban presentes para mejorar su latín y por puro placer. Me hubiera gustado ver, no obstante, a más alumnos de Clásicas; el precio del curso era muy económico, así que no sé a qué se pueda deber la -al menos ésa ha sido mi impresión- escasa presencia de juventud filológica.

Los alumnos fuimos divididos en niveles. En los niveles principiante e intermedio han trabajado principalmente el curso Familia Romana con un enfoque muy orientado al profesorado (es decir: explicando cómo trabajar el método activo en el aula, dando ideas para actividades y dinámicas de grupo, etc.). Ésto quizás pueda resultar menos interesante para quienes no sean profesores y algún alumno me ha comentado su crítica en ese sentido pero, en cualquier caso, el hecho de que todas las explicaciones fueran en latín creo que ya es razón más que suficiente como para que sea una experiencia muy útil e interesante, incluso para quien no ejerza como profesor.

El curso avanzado, al que yo he tenido la suerte de asistir, estaba enfocado más a la lectura y comentario de autores. Por lo que he entendido éste ha sido el primer año que se formaba un grupo de tales características, es decir, en el que el objetivo no era tanto formar profesores sino dar clase de textos clásicos en latín. A pesar de ello creo que la experiencia es igualmente válida también para quienes somos docentes, pues no hay mejor forma de aprender a dar clase que asistiendo uno mismo a clase como alumno.

Los tres profesores del grupo avanzado me han parecido excelentes.

El primero en darnos clase ha sido mi admirado Roberto Carfagni, a quien conocía ya bien pues a través de sus clases en vídeo ha sido uno de mis más queridos maestros, así que sabía ya muy bien con lo que me iba a encontrar: de Roberto he aprendido muchísimo, no sólo latín, sino también didáctica, y en él valoro especialmente su estilo sosegado y humilde de dar clase. Es siempre un ejemplo para mí, también en lo humano.

El segundo maestro del grupo avanzado fue Justin Slocum Bailey con quien nunca había tenido la ocasión de hablar en persona pero a quien desde hace tiempo sigo en su divertida emisión radiofónica semanal Quomododicitur.com. Tal y como esperaba las clases de Justin han sido muy amenas e interesantes: es un gusto oírle hablar en latín, aunque a mi parecer a veces la lectura y comentario del texto en latín era algo precipitada; seguramente por el deseo de ver una mayor variedad de textos... ¡y también porque mi nivel de latín no es tanto como para ir tan deprisa!

Por último nuestro querido Jorge Tárrega, a quien ya tuve el gusto de conocer en persona durante la presentación de la traducción holandesa de mi Extraña Odisea, por lo que ya sabía de su estupenda Latinitas, pero que además ahora me ha dejado admirado por su claridad de ideas y eficacia en lo que respecta a la didáctica del latín. Jorge sabe muy bien en qué consiste el aprendizaje de segundas lenguas (además de latín sé que domina por lo menos el ruso y el checo) y en sus clases se nota: aprovecha al 100% el texto latino para que los alumnos aprendamos algo de gramática, de vocabulario o de fraseología en cada línea. Un verdadero maestro. Le dejo mis diez.

En fin, con estos tres mistagogos de primera pasamos siete días fantásticos leyendo y comentando (todo en latín) a Virgilio, Ovidio, Livio, Gelio, Salustio, Cicerón, San Jerónimo y compañía. ¿Se puede pedir más? Pues sí: que además el ambiente era estupendo, que nadie estaba allí para hacer currículum ni obtener créditos ni darse pisto, que lo único que había eran doscientas personas con ganas de compartir su amor al latín y pasarlo pipa con ello. Una gozada.